Señor Jesús, que tienes
a todos los niños entre tus predilectos, vamos a recorrer
y a meditar sobre tu camino de dolor, no tanto el que viviste hace
siglos, sino el que sigues viviendo hoy especialmente en los niños
que sufren. Tú te has identificado con nosotros los cristianos,
pero también, de manera especial con todos los hombres que
sufren. Tú sigues sangrando en las heridas de los hombres
y de las mujeres de hoy. Todos somos víctimas del sufrimiento
pero también somos culpables de que muchos sufran. Ayúdanos
a reconocer nuestros errores y sembrar amor en nuestro corazón.
Amén.